Joderse, hace el trabajador cuando lo ponen en el precipicio del paro. Aunque no solo puede hacer eso. Esta marea negra, con su particular marcha, lo demuestra. No callan las manos fuertes. No son de raza inferior. No se disuelven con el viento; como palabras o firmas de espuma. No se desleen ante el tajo o la mesa de despacho. Despido es despeñadero; sabemos que puede salvarlo el Superman de la negociación.
Si no, La boca hueca de la mina, inevitablemente, se cierra. No esboza su negra sonrisa de bienvenida. El pozo, no valora acciones, ilusiones, palabras, vivir. No defiende capacidades. Los hombres sí. La zancada del compañero, en la Marea Negra, es tan honda como la abertura de nuestra huella. Caminan para reparar una situación cuarteada; y madurar resquicios de soluciones ¿Aseguran los políticos el firme del despido, fisurado por grietas abisales, con desacuerdo?
Este escarpado Camino de Santiago, invitando al prodigio del milagro, reclama previsión, altavoz y acuerdo para las azotadas comarcas mineras.
Fuera o dentro del socavón, las huellas tiznadas; se nos acercan. No solo ellas piden concierto y cauces solidarios; sin losa ni despeñadera. Todas
¡Las nuestras también se borraran si, se les hace ningún caso!
Perdonar la rectificación. Soy Calamanda Nevado.
ResponderEliminarBuenas. Cada vez me alegro más de haber colaborado en este blog, sobre todo leyendo todos los microrrelatos, van a mejor. Muy buen título además.
ResponderEliminarPablo, gracias por tu colaboración y tu tiempo.
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