Setenta
días sin ver la luz. Como minero estaba acostumbrado a la oscuridad que
significa penetrar en la entraña de la tierra pero, aquel derrumbamiento en la
mina chilena de san José le había dado otra experiencia: la de aferrarse a la
luz de la esperanza unido a sus compañeros de encierro para no desfallecer.
Mientras
me lo contaba, sin aspavientos ni adjetivos, recordó el conflicto de los
mineros españoles: “sí que está negro eso, ¿sabe usted si cerrarán la mina?
Porque es duro el trabajo pero más duro es no tenerlo. Señorita periodista, por
favor, dígales a esos que se mantengan unidos, no importa lo que suceda, juntos
le encontrarán la vuelta, que sean uno.”